13 January, 2021

A warrior never stops his march - May 2019 (english version)

Twenty years is a lot of time, a pile of years for some and, for others, nothing.

Twenty years resembling books. There are non-fiction, novels, fantasy, drama, romance, adventure and travelogues. There are terrible long books, poems, short stories, books that we will never read and others that we wanted to read and still could not.

There are books divided into chapters, with many characters, some entering and leaving the plot many times; others that leave never to return and a few who continue until the end of the story.

Many books have open endings, chapters that leave unresolved issues or mysteries that the writer will not take up; pages and pages turned around without return, fatal erasures and indispensable re-readings.

Incredible, fantastic, indelible books that allow us to choose our own adventure or simply choose between the blue pill, which allows us to forget what happened and remain in the virtual reality of the Matrix or the red one, that frees us from it and leads us to the real world.

I once heard that the opportunity of lifetime must be taken within the lifetime of said opportunity. Making the right moves at the right time.

All this is a whim is to transpolate my twenty years at Orange as a book that represents a great stretch of my life, my autobiography. Opportunities, learnings, friendships, trips, working on what one likes or learned to love, giving up so many hours trying, like the juggler, to keep all the dishes turning on the sticks all the time, still having plans and tantrums by the thousands.

I do not forget (could not) those who trusted me, from bosses, colleagues and my parents, siblings and friends. Everything would have been impossible without that first leap of faith and support from my old men leaving me to fly into the unknown, without Pato by my side, my daughters. They broke distances and were always close.

At times we seemed to be in the Matrix but there were others when we deliberately decided to return to reality. The best thing is to have been able to choose when to do it, to have changed when we felt we touched a roof.

"Look for a new cheese when the old one starts to smell stale" ... Nico (my brother) gave me the book "Who moved my cheese" at the airport the day I left home for the first time; that phrase and others were etched in me. I read the book through tears in mid-flight. A book within a book, like the movie "Bedtime stories" ... this is how this road-trip has been so far  and I hope it continues to be guided by the stars that always shine brighter in the dark sky.

09 May, 2019


Un guerrero no detiene jamás su marcha... 

Veinte años es un montón de tiempo, una pila de años para algunos y para otros, nada. 
Veinte años que para describirlos me imaginé un libro. Los hay de no ficción, novelas, fantasía, drama, romance, aventuras y viajes. Están los libros kilométricos, las poesías,
los cuentos cortos, libros que nunca leeremos y otros que quisiéramos leer y aún no pudimos. 
Los libros divididos en capítulos, con muchos personajes, algunos entran y salen de la trama,
otros salen para no volver y unos pocos que siguen hasta el final del relato. 
Los hay con finales abiertos, capítulos que dejan temas pendientes que el narrador no retomará, páginas y páginas dadas vueltas sin retorno, fatales, tachaduras y relecturas indispensables.

Libros increíbles, fantásticos, imborrables que nos permiten elegir nuestra propia aventura o simplemente escoger entre la píldora azul, que nos permita olvidar lo sucedido y permanecer en la realidad virtual de la Matrix o la roja que nos lo libere de ella y nos conduzca al mundo real.
Una vez escuché que la oportunidad de la vida debe ser aprovechada dentro de la vida de dicha oportunidad, saber (poder) elegir a tiempo.

Todo esto es un capricho para transpolar mis veinte años en Orange como ese libro que representa un gran tramo de mi vida, mi autobiografía. Oportunidades, aprendizaje, amistades, viajes, trabajar en lo que a uno le gusta o aprendió a querer, entregar tantas horas de uno intentando como el malabarista de mantener todos los platillos girando en los palitos todo el tiempo, aún tener planes e inquietudes y rabietas miles.

No olvido (no podría) a los que confiaron en mí, desde jefes, colegas y mis padres,
hermanos, amigos. Todo imposible sin aquel primer aliento y apoyo de mis viejos dejándome
volar a lo desconocido, sin Pato a mi lado, mis hijas, mis hermanos y mis amigos que
rompieron las distancias y estaban cerca.


Por momentos parecíamos estar en la Matrix y en otros deliberadamente decidíamos volver a la realidad. Lo mejor es haber podido elegir cuando hacerlo, cambiar cuando tocaba un techo, “buscar un queso nuevo cuando el viejo empieza a oler rancio”…Nico me regaló el libro “Quien se llevó mi queso” el día que partía por primera vez, esa frase y otras quedaron en mí grabadas a fuego. El libro lo leí entre lágrimas en pleno vuelo. Un libro dentro de un libro, como la película “Cuentos dentro de cuentos”…así fue este viaje hasta acá y espero lo siga siendo por otro rato, guiado por las estrellas que siempre brillan más en el oscuro cielo.

Dándoles “gracias totales” a muchos, Dale Gracias….de Spinetta Jade dice así…


Abre tus viejas cosas
Junta tu maquillaje
Si alguien se acerca
Cierra los ojos, siéntate
Dale gracias por estar
Dale gracias por estar cerca de ti
Sobre los viejos muebles
Prende otro cigarrillo
Esta poesía viene a buscarte y además
Dale gracias por estar
Dale gracias por estar cerca de ti
Este ensueño es un silbido más en el viento
Y un guerrero no detiene jamás su marcha
Puedes hallar la jungla
Entre estos edificios
Puedes rentarla o bien destruirla y además
Dale gracias por estar
Por crecer y engendrar
Cerca del bien que gozaste y además
Dale gracias al ángel
Por crecer y por luchar
Cerca del bien que gozaste y además
Dale gracias al ángel
Dale gracias por estar cerca de ti
Es inútil que pretendas brillar con tu historia personal
Recuerda que un guerrero no detiene jamás su marcha

17 January, 2019

Susceptibles al desconcierto (del domingo)

Todos los seres humanos somos susceptibles al desconcierto, nadie tiene asegurada la estabilidad a lo largo de su vida. Por el contrario, la combinación del albedrío con eso que llamamos azar suele dar resultados inesperados más de una vez, y cuando nuestras certezas se transforman en dudas llegamos a sentir el desconcierto.

Hace más de diez años descubrí por internet a una persona del otro lado del mundo haciendo un programa de radio muy artesanal por streaming, en una ciudad muy pequeña, lejos de las grandes urbes y del ruido, diciendo lo que pensaba, haciendo pensar a sus oyentes, compartiendo momentos, historias, canciones y contando sus días en aquel lugar que alguna vez había sido su lugar de veraneo y luego de muchos años se había convertido en su lugar en el mundo, con su familia, su Hostería La Merced y su propio estudio de radio.

Aquel locutor, creador de climas, se llama Quique Pesoa, quien tiene una larga trayectoria en la radiofonía Argentina y tampoco le ha escapado a la TV con aquel memorable programa llamado “Cien años” donde recorría apasionadamente a través de objetos antiguos y de historias el transcurso de la humanidad durante el último siglo.
El programa radial que me cautivó se llamaba “El desconcierto del Domingo”, lo transmitía desde su estudio en San Marcos Sierras, Córdoba  y se podía bajar en MP3 minutos después de haber terminado. Los lunes, desde Sídney, Australia, yo me bajaba el programa y por la noche lo escuchábamos con Pato cuando nos íbamos a dormir. El programa duraba 3 horas y a nosotros nos acompañaba toda la semana porque cuando alguno se dormía primero el otro apagaba el reproductor para no adelantarse. Así, juntos, nos transportabamos cada noche a su pueblo, a las sierras, a las historias de sus habitantes, sus amaneceres, sus mates, sus reflexiones, sus columnistas y casi que saboreamos el vino de su propia producción, “Flor de Peludo”.

Combinando cuidadosamente las palabras creaba nuevas y explicaba las viejas; los orígenes de aquellas frases comunes y nos dejaba picando alguna historia, todo matizado por Eric Clapton y su tema “Reptile” como cortina musical que generaba un clima interesante y distendido.
Defensor de los regionalismos, de las pausas, de las cosas simples, de aprender observando, de escuchar a los demás y del pensamiento libre.

Para nosotros, en el otro lado del mundo, escuchar algo así realmente nos abrió la cabeza tocando fibras íntimas. Se disfrutaba de otra forma.

Fast forward a Diciembre 2018, pasamos unos días en Córdoba con la familia. Siempre estuvo en mente ir hasta San Marcos para, de máxima, saludarlo a Quique y de mínima, conocer su pueblo.
Y allí fuimos, buscando su Hostería sin preguntar, llegando de memoria aun sin haber estado allí jamás. Sabíamos que estaba “cerca de la plaza y del balneario”. Llegamos, entramos sin golpear, nos cruzamos a una señora y le pregunté: -¿Usted es Leda?, venimos a saludar a Quique.-
-Sí, enseguida lo llamo.-
Pato me preguntó como sabía su nombre. Tuve la intuición que era ella, la esposa de Pesoa, la protagonista de aquellas cosas que él contaba.

Aparece muy amable Quique con sus tiradores y sombrero, nos presentamos, le contamos que hacíamos allí, como disfrutábamos su programa y lo que nos hacía sentir.

Él nos contó algunas anécdotas breves, interesado en el intercambio de palabras, nos llevó a recorrer su biblioteca y museo en la Hostería y ya de salida hablando de su vino nos dice que aguardemos un instante que iba a darme uno de regalo. Bajó a la bodega de su sótano y subió con dos botellas: una para nosotros y otra para él, dijo. Saludos finales, foto de recuerdo y salimos a la calle, con el vino en la mano, los cuerpos flojitos y mudos de la emoción, ojos vidriosos, sin palabras.

Pudimos cerrar un círculo de la mejor manera posible, queríamos que él supiera de nosotros. Por nosotros y por él, merecía esta historia ser conocida por ambos. Cuando uno habla al éter no sabe hasta dónde pueden calar de hondo esas palabras.

En una época donde sobran los continentes y faltan los contenidos, él es un referente eterno de la defensa de las cosas simples y las buenas costumbres para que no nos olvidemos que una vez fuimos sol de alguien.


No olvides que una vez tú fuiste sol
no olvides ni la tapia ni el laurel
no dejes de asombrarte al asistir
a un nuevo nacimiento en tu jardín.
No pierdas una ventana
no entregues tus mañanas
de aguaceros y juegos
ni desentierres tesoros, viejos.
No ocultes lo que ayer se te ofreció
no escondas ni la pena ni el dolor
no dejes que una nube diga adiós,
no saltes en pedazos,
no ocultes tu diamante,
no entregues tu perfecto amanecer
ni tus estrellas, ni tu arena, ni tu mar
ni tu incansable caminar,
vete de nuevo hasta el arroyo
donde está tu mejor canto.

Y ve, cálmale la sed a tus enormes prados
no permitas que se pierda tu cosecha
hoy que hasta la lluvia fiel no te ha escuchado
y busca tu raíz
Y dale la caricia a la que siempre espera
la única manera de hacerla que vuelva
a ofrecerte frutos hasta en el invierno
y no olvides que una vez, tú fuiste sol
Y ve, desata esos diques de corrientes presas
déjate llevar y vuelve a ser jinete
baja hasta tus valles de palomas sueltas
que este es tu país
Donde están tus riendas
donde está tu espuma
donde abandonaste tu camino entonces
donde naufragaste haz crecer mil rosas,
y no olvides que una vez tú fuiste sol.

31 May, 2018

Concert review: Richard Marx at the Opera Orbis Theater - May 24, 2018 – Buenos Aires


English version.

Talent. Charisma. Professionalism. Creativity. Sympathy.

I did not read any review of Richard Marx's concert at the Opera Orbis theater in Buenos Aires on May 24th so I started writing these lines today since I cannot help thinking that none of the words of the first sentence could be left out if someone had wanted to capture what happened there that night on stage.

It was just the second presentation of the musician, born in Chicago 53 years ago, in Argentina and the first one in Buenos Aires, in his stunning 31-year career. He had set foot on an Argentine stage for the first time, in Rosario, the night before.

The concert began punctually with the full theater awaiting the performance of the artist, who started the evening with an introductory video, showing some of the great milestones of his successful and extensive career, reviewing in a few minutes, his beginnings, his most popular albums, his prizes, his career as a composer and producer and the admiration of many colleagues who love to play with him or simply admire his music.

He came to the stage seconded by three very good musicians and started "Endless summer nights" as if to shake the audience and to show that his voice was impeccable. He immediately launched the first cascade of hits: "Don't mean nothing", "Satisfied", "The way she loves me" only by the fifth song came "Suddenly", to give a break to the audience who sang and chanted even the guitar solos and shouted "Ole, olé, olé, Richard, Richard" in between song, for which he smiled in disbelief at such effusiveness, almost with certain shyness.

Of the next song he only managed to say: "... this is about a girl ..." and although almost all his songs are about some girl, we all knew that the one upcoming was not about any girl, but the one murdered in the river who starred one of his most intricate and mysterious lyrics, the one we never knew who the culprit was and he insists on refusing to reveal it. Without further ado, he launched "Hazard" and we all listened in paying extra special attention, as if in the live performance we could catch some clue that in these 20 years we had not found.

At the end of the song and with the crime still unpunished, the band left the stage leaving him only with his guitars, in front of the microphone and making us feel that he was playing in our living room the second wave of hits, this time in acoustic format, which began with "Keep coming back" and thanks to the relaxed atmosphere he could attend the request of a fan to play a song that, he said with great sympathy, was so old that he hasn´t played it for a long time and only remembered a part of it, and to the sound of his guitar began the beautiful "Until I find you again", even making the fan to come on stage for a selfie and taking the big applause for the incursion out of the programmed set list and his sincere demonstration of affection.

The creativity that moves him made him re-record the next song with his (grown-up-musician) children who, from the giant screen at the back of the stage, accompanied him to the rhythm of "When you loved me" and then, almost in total climax, he unplugged his guitar in one go and sang without amplification "This I promise you", a super romantic song he wrote for NSYNC and gave him big joy as a producer.

After a break of just seconds, he shot straight to the heart with "Hold on to the nights" and "Now and forever". Among the audience the murmur was that his voice was even better than in the original recordings. His unique charisma and husky voice seemed to be taking us little by little towards the end of the show that no one wanted to end, even the artist. He then played perhaps the most unknown song called "Just go" and followed ​​it with the super hit "Should've known better" before leaving the stage to a well-deserved break before the encore.

We all would have understood if he took a while to return because his performance and delivery had been stunning, however, it took him just three minutes to return to the scene with his unforgettable smile, to begin the encores with the song he wrote to his wife, the beautiful model Daisy Fuentes, who was by the side of the stage behind the scenes, "Eyes on me" followed by "Angelia" and before the end he interpreted "Take this heart", which was exactly what he gave all night: his heart.

We all took such souvenir of his performance until he finally shot like an accurate sniper straight to the hearts and the most intimate fibers of the memories of each one of the spectators, when sitting at the keyboard he slid his fingers to play "Right here waiting for you". This stainless hymn, which we heard thousands of times in hundreds of places, sounds in such a special way when the theater is in an infinite silence and it is Richard Marx himself who plays it in front of you ending an impeccable night where he demonstrated superlative talent, enviable charisma and good looks, great professionalism, tenacity to maintain such success and, ultimately, timeless creativity to deliver a historic night to those fans who had been waiting for him "right here" for so many years.

Crítica: Richard Marx en el teatro Opera Orbis - 24 de Mayo 2018

Talento. Carisma. Profesionalismo. Creatividad. Simpatía. Entrega.

No leí en la semana ninguna crítica del recital de Richard Marx en el teatro Opera Orbis de Buenos Aires el pasado 24 de Mayo, por eso me puse a escribir estas líneas hoy, ya que no puedo dejar de pensar que ninguna de las palabras de la primer oración podría quedar afuera si alguien hubiera querido plasmar lo que pasó allí esa noche arriba del escenario.

En sus 31 años de trayectoria fue apenas la segunda presentación del músico nacido en Chicago hace 53 años en Argentina, y la primera en Buenos Aires. La noche anterior había pisado un escenario Argentino por primera vez, en Rosario.

El concierto comenzó puntual con el teatro lleno aguardando la salida del cantante quien arrancó la velada con un video a modo de introducción, mostrando algunos de los grandes hitos de su exitosa y extensa carrera, repasando en pocos minutos sus comienzos, sus álbumes más populares, sus premios, su carrera como compositor y productor y la admiración de muchos colegas de gran trayectoria que adoran tocar con él o simplemente admiran su música.

Salió a escena secundado por tres muy buenos músicos y largó “Endless summer nights” de entrada nomás, como para sacudir al público y comenzando a mostrar que su voz estaba impecable. De inmediato lanzó la primera catarata de hits: “Don´t mean nothing”, “Satisfied”, “The way she loves me” hasta que recién al quinto tema llegó “Suddenly”, para dar un respiro al público que cantaba y coreaba hasta los solos de guitarra y gritaba “Ole, olé, olé, Richard, Richard” entre tema y tema, arrancándoles sonrisas y gestos de incredulidad ante tanta efusividad, casi de timidez.

Del próximo tema solo atinó a decir: “…éste es acerca de una chica…” y si bien casi todos sus temas son acerca de alguna chica, todos sabíamos que el que se venía no era de una chica cualquiera, sino de aquella chica muerta en el río que protagonizara una de sus canciones más intrincadas y misteriosas, que nunca se supo quién fue el culpable y él insiste en negarse a revelarlo. Sin más que decir lanzó “Hazard” y todos escuchamos como queriendo prestar especial atención, como si en la música en vivo pudiéramos pescar alguna pista que en estos 20 años no habíamos encontrado.

Al terminar el tema, con el crimen todavía impune, la banda salió del escenario dejándolo solo, con sus guitarras, frente al micrófono y haciéndonos sentir que estaba tocando en nuestro living la segunda catarata de hits, esta vez acústicos, que comenzaba con “Keep coming back” y entre tanta intimidad pudo atender el pedido de una fan para que tocara un tema que, según dijo con mucha simpatía, hacía tanto que no lo tocaba que solo se acordaba una parte, y rasgando la guitarra comenzó el hermoso “Until I find you again”, haciendo incluso subir a la dichosa fan para una selfie y arrancando aplausos por la salida de programa y su demostración sincera de afecto.

La creatividad que lo mueve hizo que regrabara el próximo tema con sus hijos, quienes, desde la pantalla gigante del escenario, lo acompañaron al ritmo de “When you loved me” y luego, casi en clímax total, desenchufó la guitarra de un tirón y cantó sin amplificación “This I promise you”, un lento de aquellos que escribió para NSYNC y que le dió muchas alegrías como productor.

Luego de un respiro de apenas segundos, disparó directo al corazón con “Hold on to the nights” y “Now and forever”. Entre las butacas el murmullo era que su voz parecía aún mejor que en las grabaciones originales. El carisma único y la voz intacta a esta altura de la noche parecían que nos iban llevando de a poco al final del show del cual nadie se quería ir, incluso el artista. Largó quizás el tema más desconocido “Just go” y lo empalmó con el super hit “Should´ve known better” para irse ahora sí a una merecida pausa antes de los bises.

Todos hubiéramos entendido si tardaba un rato en volver porque la entrega hasta aquí había sido total, sin embargo, tardó apenas tres minutos en retornar a escena con su sonrisa imborrable, comenzando los bises con el tema que le escribió a su actual esposa, la bella modelo Daisy Fuentes, quien estaba a un costado del escenario entre bambalinas, “Eyes on me”, seguido de “Angelia” y antes del final interpretó “Take this heart”, que fue justamente lo que entregó toda la noche: su corazón.

Todos nos llevábamos de souvenir para siempre su performance hasta que por último disparó como un francotirador certero al corazón y a la fibra más íntima de la memoria de cada uno de los espectadores, cuando sentado al teclado deslizó sus dedos para tocar “Right here waiting for you”.
Este tema inoxidable, que escuchamos miles de veces en cientos de lugares suena de una forma muy especial cuando el teatro hace silencio infinito y es el mismísimo Richard Marx quien se sienta a tocarlo a metros de uno, terminando así una noche impecable donde demostró talento superlativo, carisma y pinta envidiables, gran profesionalismo, tenacidad para mantener el éxito y creatividad para darnos una noche histórica a aquellos fans que lo habíamos estado esperando siempre “justo aquí”, durante tantos años.

01 April, 2017

Un sotano. Un arquitecto. Una computadora. Un tren. Unos animales. Unos amigos. Una radio. Una cancion. Dos cumpleaños.



Un sótano a veces húmedo, a veces peligroso, siempre frío.
Un arquitecto, un cigarrillo, un cenicero. Olor a lápices recién despuntados mezclado con tabaco y humedad.
Un tablero de dibujo gigante, reglas, escuadras, papeles, planos terminados y en progreso. Otros en el tacho, bien abollados.
En épocas pre-Navideña se podían ver cientos de muñequitos miniaturas pintados a mano, alineados en los estantes esperando su turno para ser regalados a los más allegados.
Una computadora PC AT-386 con monitor Color SyncMaster3 (todo un lujo) que era disputada entre todos los que bajaban al sótano, incluyendo al arquitecto y a esa banda de amigos, para jugar, ellos, a los jueguitos de futbol, Príncipe de Persia, Blues Brothers o al Wolfenstein; él, para los solitarios o el Sokoban.
Un tren eléctrico montado en una mesa gigante y unos dardos que hacían de la espera por jugar algo divertido.
Un par de perros manto negro, Picho y Katherina, que entraban y salían sin importarles si estaban mojados o sucios. Ellos siempre querían estar cerca, así como el gallo Piscuit, las gallinas, los pollitos y la gata Berta también solían ser de la partida.
Unos amigos que hasta hoy siguen siéndolo. El tiempo y la distancia no fueron excusas para dejar de serlos e, incluso, ha hecho el sentimiento más fuerte.
Una radio, FM Horizonte, donde el locutor engolado anunciaba que mientras pasaban cosas en el mundo, allí en la gran ciudad, una nueva hora daba comienzo.
Una canción que pasó totalmente desapercibida por esa radio en aquellos días tuvo gran impacto en mí y hasta hoy sigo siendo un admirador de su intérprete. No viene al caso, pero es parte de mi memoria selectiva que hace que me acuerde cosas inútiles para muchos pero importantes para mí.
En ese grupo de personas que confluían en aquel lugar había dos que cumplían años el mismo día: el arquitecto y el mejor amigo de su hijo.
El arquitecto ya no camina entre nosotros pero hoy el brindis va por ellos dos. Porque esté donde esté, seguro que nos mira apoyado en un tablero de dibujo hecho de nubes, un lápiz en la mano, un cigarrillo humeante en su cenicero y escuchando música tranquila.
Lo imagino viendo crecer a su familia y tratando de entender cómo es que la vida aún nos tiene de amigos, compartiendo nuestras vidas y acomodándonos como se nos van dando las cosas, así como él acomodaba las cajas de aquel Sokoban!
Hoy, en su día, brindo por Jorge Blasco y Pablo Carracedo! Feliz cumpleaños!
Diego  

12 December, 2015

Regalos de Navidad



Se acercan las fiestas, puntuales como siempre, y muchos empiezan a pensar en los regalos de Navidad.
Hace poco recibí de parte de un amigo un regalo anticipado, inesperado y, a simple vista, sin forma de regalo.
Me regaló la posibilidad de hacer algo por alguien a quien no conocía.
Un amigo que conozco hace 14 años y, a pesar que nos hemos visto muchas menos veces de las que nos hubiera gustado en los últimos 13 años, el sentimiento sigue intacto, como tantas veces nos sucede con personas que queremos. La distancia, que parecía un océano, se desvanece en un abrazo.
Anticipado, decía, porque llego allá por finales de Octubre, en forma de email. Era su pedido de ayuda. Un pedido personal, decía el título. La esposa de un amigo suyo estaba gravemente enferma y necesitaba un remedio oncológico que en su país no se conseguía pero en Argentina sí (ironías de la vida, cuando siempre creemos que es al revés). Con algunas dificultades y gracias a un farmacéutico que confió en mí, pude conseguirlo.
Luego hubo idas y vueltas; aumentos de precios; demoras con los bancos y algunos feriados que incrementaban la incertidumbre.
El 18 de Noviembre, finalmente la medicina llego a mis manos y hubo vuelo relámpago del padre de la paciente, agradecimientos mutuos y charla apurada café de por medio. Con los nervios y la presión a tope en el aeropuerto teniendo todavía que volver a destino atravesando aduanas hostiles. Afortunadamente, 48hs mas tarde, la paciente recibía la primera dosis y a esperar.
Jueves 3 de Diciembre, 8:00PM, recibo llamada de número desconocido, eran la paciente, su marido y su padre desde la clínica misma donde se estaba haciendo el tratamiento. Se me anudó la garganta, no sabía que esperar.
Tembloroso escucho las noticias. Llamaban para compartir conmigo la gran novedad de que el tratamiento estaba funcionando muy bien y que el médico, apenas minutos antes, había sido muy optimista en cuanto a la evolución futura. Llamaron para agradecer, desde ahí mismo, en plena euforia (entendiblemente contenida en estos casos), donde solo suele haber lugar para los más íntimos. Fui parte de esa emoción en tiempo real a miles de kilómetros.
Ahí pensé que en vez de pedirme un favor, mi amigo, en realidad, me había hecho varios valiosos regalos, sin saberlo y sin forma de regalos.
Me regaló la posibilidad de ayudar; me regaló la alegría de saber que pensó en mi cuando necesitó ayuda; me regaló sentirme útil de una manera inesperada; me regaló tres amigos nuevos que antes no tenía y aún hoy no conozco en persona; me regaló emociones difíciles de explicar y saber que una persona se haya podido curar con ese aporte de mi granito de arena.
Me regaló, sobre todo, muestras increíbles de amistad durante todo el proceso. Esta historia tan simple se merecía este final tan feliz.